En una ciudad llena de crímenes, el detective Gutiérrez presumía de su instinto. Un día, le preguntaron cómo resolvía casos complejos. «Siempre sigo el olfato», dijo. «¡Y el aroma de las empanadas nunca falla!». Resulta que su oficina estaba sobre una panadería, y el caso «Crimen de la Empanada Rota» se resolvió gracias al hambre del detective y no a su intuición.